No es que me hayan dejado de pasar cosas chéveres, faltaba
más. A mi me pasan cosas lindas todos los días o si no yo me las invento. La
cosa es que de repente me encontré a mi misma petrificada y no quería ver lo bonito de mi día a día.
Así aunque veía lo lindo me hacía la loca y decidí continuar en mi silencio. Me entró
pánico y necesitaba sentirme sensible para reconocer mi vulnerabilidad. Y es
que todo lo que quería que se viera lejos se me empezó ver encima y lo que
quisiera cerca se empezaba a ver lejos. Absolutamente paniqueada quedé. Vi a
dos pasos la necesidad de tener que irme de aquí y yo de verdad no quisiera irme de acá. Pero también vi que
era hora de seguir construyendo mi carrera profesional y hacer experiencia y
ganar como quiero ganar. Me vi perdida sin saber cuál camino tomar, ni a dónde
ir, ni cómo empezar eso y mucho menos cómo terminar esto, mi ahora. Y vi mi futuro
profesional lejos, lejos, lejos. Y mi despedida de España en las narices. Y el corazón me hizo crack y por eso
quise llorar y lloré. Lloré porque mi vida aquí es demasiado sabrosa. Porque
amo Madrid. Me siento invencible con mis amigas. Vivo loca con la seguridad de
la ciudad. Soy feliz con el metro. Muero con la gente y la comida. Soy feliz
aquí en mi burbujita. Pero también lloraba porque tengo que salir de ella, de
mi burbuja linda que con tanto esfuerzo he construido. Tengo que irme y volver a donde pertenezco. Y no sé a hacer
qué demonios allá. Ni en dónde. Ni si encontraré lo que quiero. Ni cómo lo quiero.
Ni cuánto. Es más, no había siquiera pensado en nada de eso porque no había
pensado que llegaría el día de volver. Y sentí miedo, por irme y por volver.
Por no ser la misma y no encajar. O porque sea el mismo lugar y yo no encaje en él. Que los sitios que ya he pisado me sepan a monotonía. Que la gente
que ya he querido siga siendo demasiado igual a como las quise. Que yo haya
cambiado mucho o que no haya cambiado nada. Así fue como me encerré. No abrí
los ojos y tuve miedo. Y callé. Y no vi las cosas lindas de mi vida. Pero aquí estoy,
aceptando mis flaquezas y volviendo a sonreír porque al final del camino, por
más ansiosa que esté o más pataleta que haga, sé, tengo la certeza que vaya
donde vaya, este donde la vida me ponga, será lo mejor para mi.
jueves, 19 de julio de 2012
viernes, 13 de julio de 2012
DÍA 170: romantiquito no que me enamoro
Cuanta falta le hacia a mi vida un toque de romanticismo:
'Hola,
No sé si me recuerdas, soy el chico lindo que conociste en Pamplona, aquel que no se cansó de besarte toda la noche. En medio de tanta locura y descontrol, tuvimos un momento solo nuestro. Me gustaría verte, invitarte un café o algo así.
Te dejo mi número ###### a ver si te animas.
Besos,
M.'
Y no habían pasado 0,5 segundos cuando yo lo estaba
llamando.
miércoles, 11 de julio de 2012
DÍA 169: Hasta pronto a la amiguita
Ella es María Mónica y es la persona que me aguantó por
nueve meses y medio. ¿Quién carajos me aguanta a mi por tanto tiempo?
deberíamos canonizarla, o algo así. Sería una buena idea. En serio. Porque ella
me oía mis pataletas de niña de siete años y medio cuando los únicos tres tipos
que me han interesado en este tiempo no aparecían. Y respondía mis preguntas:
"Por qué no ha llamado?", "¿Me va a llamar?". Luego pasados
unos trece minutos yo volvía intensa, "Por qué no ha llamado?",
"¿Me va a llamar?", "¿Será que no le gusté?", "¿Por
qué no aparece?", "¿Va a aparecer, CIERTO?, y así cada trece minutos
hasta que aparecían, o no, pero ella siempre respondía. Que intensa soy. Y con
todo y eso, ella me aguantaba y guardaba la esperanza en su corazón de que
alguno de esos, u otro, o el que fuera, se quedara. Que alguien no se largara
como todos y yo lo llevara a la casa y nos ayudara a cambiar el bombillo que se
quemó, colaborara cargando las bolsas del mercado, viera futbol con ella y
juntos gritaran 'gooool' o se pelearan porque él era del Barca mientras yo me
hacía las uñas. Ella quería incluso más que yo que yo consiguiera un novio
sobre todo, -supongo- para alegrarme con sexo los días que llegaba con mi cara
larga y quitármele de encima a veces. La cosa es que nunca le llevé al que nos
iba a salvar de los bombillos quemados y con todo y eso ella me quiso igual. Y
me quería ya como a una hermana. Y nos peliábamos como hermanas, de esas que
uno discute y luego a uno se le olvidó porqué era que estaba peleando y se
lleva regalitos. Yo no tengo hermanas pero así debe funcionar. ¿no? Pero hay
más. Cada que iba de fiesta y yo estaba lista antes de ponerme los tacones me
le acercaba y le decía "me veo gorda?", "¿crees que soy obesa? y
ella respondía paciente. Luego me ponía los tacones y volvía y le preguntaba
que si estaba segura de que no me veía gorda, obesa, ballenuda y todo los sinónimos
alrededor de la gordura. Pero ella siempre respondió que no, una y otra vez y
se reía y decía que qué había hecho para merecer eso y eso mismo me pregunto
yo. Pero no sé que hizo para merecerlo pero ahora ya sé que merece por soportarlo, hay que hablar con Roma. Y es que las cosas que tuvo que soportar no terminan ahí. Aguantó mi caos y si
le importó pues se lo tragó y no me lo dijo. No se quejó del desorden que puedo
llegar a ser de dejar zapatos en la sala, hacer todo a último minuto y no tener
nada bajo control. Tomó las riendas del apartamento, obvio porque yo no he
podido tomar las riendas de mi vida. Además era cómplice de mis corridas al
cuarto cuando llegaba la dueña del apartamento a que le pagáramos y yo huía
para no dar la cara porque me daba pereza pura oírle sus historias. Hay que
canonizarla a lo bien. Es un ángel o algo así. No me entendía, decía que yo
estaba loca. Pero con todo y eso me quería y me supo aguantar y entonces yo
estoy muy agradecida y me duele que se haya ido pero sé que eso la hace más
feliz que quedarse aquí teniendo que aguantarme. Que lastima que se fue. Ahora
no sé quién va a responder mis preguntas. Ni quién va a decir que le gusta cómo
cocino, -porque es la ÚNICA persona en el planeta tierra que se reafirma en
ello, aunque es a la única persona que le cocinaba-. No sé quién me va a decir
"Clau" y que yo además de aceptarlo me suene tierno y bonito. No sé
con quién voy a analizar por horas el caso Colmenares. No sé a quién me le voy
a robar la leche de chocolate o el cereal (¡¡ES SANTA!!!). No sé nada, pero sí tengo claro que
aprendió un par de cosas importantisimas de mi. Por ejemplo hace poco la oí cómo le gritaba a una desconocida "CALLATE ZORRA" y yo me sentí muy orgullosa. Aprendió a hacer arroz, valoro más Madrid y vio la posibilidad de pintarse las uñas de colores. Pero bueno, la cosa es que como ella se fue a casa y va a estar muy feliz y emocionada y haciendo cositas ricas
con su novio y abrazando a sus hermanas verdaderas, y rencontrándose con sus
papas y sus amigos de siempre, no me va a extrañar tanto como yo a ella. Porque
yo sigo aquí sin el novio que ella quería que consiguiera y no conseguí y además, como si
no fuera suficiente, ahora estoy también sin ella.
¿Dónde nomino a alguien para canonización?
lunes, 9 de julio de 2012
DÍA 168: Pamplona la ciudad de los besos
Cuando íbamos en el bus rumbo a San Fermines, se dijo que, o
Pamplona acababa con nosotros o que nosotros acabaríamos con Pamplona. Y ese
fue el lema y eso fue lo que pasó. ¿Qué pasó? que nosotros acabamos con
Pamplona y que Pamplona acabó con nosotros. La verdad es que estuvo loquísimo.
Desquiciante. Brutalmente fuera de casillas. No tengo idea cuándo carajos
estuve tan demente. Sospecho que hace unos cuatro o cinco años en una feria de
Manizales, pero ni eso. San Fermines es San Fermines o no sé si fui yo, o
nosotros, o todo. Había demasiado loco junto. Las calles estaban locas. La
gente estaba fuera de control. La ciudad estaba trastornada mentalmente. Cada
uno de los presentes en esas festividades, -que eran mares y mares y ríos y
lagos y océanos de gente de blanco y rojo- querían lo mismo: hacer desastres. E
hicimos desastres. Bailamos. Cantamos. Se nos dio por hablar algún idioma
extraño a los pocos feos que nos encontramos para que no se acercaran. Hubo
besos, muchos besos. Hubo ropa morada por el vino que salió de casa blanca.
Hubo guapos por montones. Hubo fiesta seguida por más de 24 horas sin parar.
Hubo un amor. Hubo amigas más locas que yo, bueno no, casi. Hubo pitos. Hubo
juegos artificiales que se supone son lo máximo pero que ignoré. Hubo encierro
aunque ya muerta de tanta fiesta a las 8am, casi que ni disfruté. Y como cuando
uno va a alguna parte hay que dejarlo todo, lo dejé literalmente, todo. Dejé en
algún lugar una botella de ginebra sin abrir. Dejé unos 20 sanduches que duré
una hora haciendo. Dejé mi voz cuando se atravesaba un guapo y lo poníamos a
bailar "una mano en la cabeza, una mano en la cintura, un movimiento
sexy...". Dejé una bota que fue mi premio por un besito. Dejé mis rodillas
en el piso cuando quise que unos desconocidos me tiraran por los aires y a la
4ta vez no me recibieron. Le dejé mi corazón a un argentino -sí,-otro, no sé
que pasa-. Dejé mi IPhone y eso sí dolió y dolió en serio y dejé ahí mis
lagrimas. En fin, lo dejé todo e hicimos que Pamplona temblara y tembló y la
acabamos. Volví destruida, con dolores, con satisfacción y con felicidad,
Pamplona acabó conmigo. A mi que no me lleven a ningún fiestón de esos por lo
menos en un buen tiempo, ocho días, por ejemplo.
viernes, 6 de julio de 2012
DÍA 167: el diploma para la pared de Mamá
Cuando mi
mamá me preguntó que si estaba emocionada por mi grado, lo pensé por tres
segundos y sentí que no, que no había nada pomposo en mis emociones y que el
día se estaba pareciendo a un día cualquiera. Sin embargo, acelerada como ella
es, no me dio tiempo de pensar más allá, ni de meditarlo, ni escrudiñar en la
profundidad de mis sensibilidades y se auto respondió diciendo "yo,
sí". Vale, había alguien emocionado por la obtención de mi diploma y cómo
no, la Mamá tendría un nuevo cuadro en casa. Sin embargo entre más se acercaba
la hora de ir a recibir el cartón que pone DOÑA CLAUDIA (NO PIENSO REVERLAR
AQUÍ LO QUE SIGUE) CARRILLO SANTOS ha realizado el MÁSTER UNIVERSITARIO EN
EDICIÓN, PRODUCCIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS PERIODÍSTICAS, mis sentimientos empezaban
con sus sentimentalismos.
Fue
cuando me senté a esperar a que empezara la ceremonia que asumí realmente lo
que estaba sucediendo. Me estaban haciendo entrega oficial no de un titulo, no
de la certeza de ser más competitiva en el mercado, no de la certificación de
que ahora soy periodista, no, nada de esas cosas, recibiría el símbolo de una serie
de decisiones, experiencias y emociones de una etapa definitiva en mi
vida.
Y todo
eso empezó a pasar por mi mente. Las imágenes de lo vivido se amontonaban en mi
conciencia con afán de protagonismo. Y comencé a conmoverme y me dije
"mierda". Poco a poco me acordaba del momento uno, ese que abrió lo
que para aquel entonces era una posibilidad. Un poco antes de recibir
mi titulo oficial de politóloga ese que antes de recibirlo ya no lo quería y cuando lo
recibí y lo rectifiqué; me jodí.
Ya para
ese entonces la creación de PrincesaSamaria.com seguía gestado en mi un
movimiento revolucionario propio que me exigía cambios drásticos. Cambiar de
profesión, cambiar de país, de círculo social, de lo que se pudiera. Girar y
volver a empezar. Fue así como cada día el crecimiento y la bonita
acogida de Princesa Samaria y el lugar en el mundo que éste me daba, la
tranquilidad que me generaba, la entrega y el entusiasmo con el que lo hacía,
me rectificaba que había que hacer algo.
Pero no era
tan fácil, era renunciar a años de estudios, a proyecciones de mi misma, a
convicciones de toda la vida, a un perfil profesional que suponía definido. Sin
embargo estaba descubriendo algo que me llenaba de vida y en vista de que
quería más de eso porque me hacía feliz, había que ir 'a por ello'.
Fue en
ese camino cuando me desorienté. Me perdí. No tuve idea por dónde comenzar ni
por donde terminar. Ni cómo, ni cuándo, y peor, con qué. Sabía que tenía que
irme de Colombia por una necesidad interna inexplicable que me reclamaba
constantemente otro mundo. Sabía que quería escribir. Sabía que no sería fácil,
sabía pocas cosas. Y la verdad fue que me tocó esperar. Y a las malas esperé. Y
me tocó organizarme y a las malas me organicé. Y no entendía por qué me tocaba
esperar y por qué me tocaba organizarme y por qué no era ya cuando yo quería. Y me
dolió la vida, y me cuestioné el sentido de está, la razón de mi existencia y mi
misión en ella. Y tuve miedo. De la vida, de mi futuro y sobre todo de mi
misma. Y pataleé. Y me encerré y la pase mal.
Y
luego todo por si solo empezó ponerse en orden, a cobrar sentido y a hacerme
encajar en el mundo. ¡Y encajaba! Ya sabía el lugar y el por qué, ya tenía mi
apoyo y mi certeza y la vida empezaba a darme los con qués. ¡Y me los dio! Pero
había que seguir esperando pero empecé a disfrutar de la espera.
El mientras tanto se hizo chévere y aprendí cosas, asumí responsabilidades y parrandeé
como lo sé hacer. Estuve lista para irme y veía cómo mi papá me miraba con ojos
de admiración. Él llevaba meses o años oyendo de este plan pero tenía sus
reservas que aun siguen en ese estado. Pero entre más real se hacía el plan,
más real él me veía. Y me miraba con ojos de admiración y alardeaba ante mi
hermano y le decía que aprendiera 'pendejo', que yo estaba logrando todo
S-O-L-I-T-A. Y cuando decía solita hablaba de su apoyo económico, pero no
estaba sola, tenía su mirada y su sonrisa y sus alardes de mí que era todo el
apoyo que necesitaba de él. Y el apoyo de La Mama, la incondicional. Me llenaba
de alegría verla abrazarme con un no quiero que te vayas pero vete, pero no te
quedes pero quédate. Me rondaba en silencio impaciente aterrada de cómo lo
había logrado. -Sigo sin saberlo, Mama-. Pero podía sentir a una madre
satisfecha de su deber cumplido, y ese, ese era todo el apoyo que yo necesitaba
de ella. Sentir que le cumplía como hija a la berraca que me llevó nueve meses
en su barriga y me aguantó la adolescencia de mierda.
Y me vine
oronda. Sin dudarlo, sin lagrimas, sin miedo y sin nostalgia. Sin que me
temblara el alma o el corazón. Me vine sin poder creerlo. Así que ese diploma
va más allá de las clases. De estar todos los días y todo el día en el master.
De la compañera que adoré y a los que quise y a los que me dieron igual y a los
que me produjeron ganas de vomitar. El cartón va más allá de la frustración de
las malas notas y de sentir que no sabía escribir. De aprender de historia y
política Española. De estar estudiar dentro de uno de los mejores periódicos de
este país, y de llegar a casa cansada de estudiar para seguir estudiando. El
diploma sobre pasa las malas clases y las buenas, poner tildes y tratar de no
escribir tan a la colombiana. Escribir para periódico, para web, hacer radio y
televisión. Este cartón va más allá de todo esto.
Lo que me
entregaron es el símbolo de los viajes que he hecho. De la fortaleza que tuve
para seguir mis sueños. De la valentía que es haberlo hecho por mis propios
medios, todo, absolutamente TODO. De las amigas que se han vuelto mi eje central aquí.
De mis rumbas. De los besos que he dado y de los que no. Del argentino con el que
salí y con el que volví a creer en el amor aunque no haya surgido.
Es la
rectificación de que si uno sabe lo que quiere puede conseguirlo, con esfuerzo
pero lo consigue. Es el giro de mi vida. Es la independencia que me ha dado.
Son las cocinadas, limpiadas de casa, organizada de cuarto y manicuras, que me
ha tocado hacerme. Son las letras que escribo y gustan y las que escribo en el
master y no gustan. Es estar en la revista en la que yo quería hacer las
practicas. Es el suspiro ante la Torre Eiffel, son las visitas, son las
lágrimas, es mi sobrino creciendo lejos. Es no tener respuesta al ¿ahora
qué?.
Son las
celebraciones por fútbol, Grecia, Málaga, El Bernabeú. Es el verbo flipar y ser
más exigente y mucho más exclusiva y jodida en mis relaciones, tanto amorosas,
como de amistad. Es haber logrado lo que quería. Es tener una vida feliz. Es
la conciencia de que esto es mío, de mi propiedad que yo lo sudé y lo gané y
por eso cada instante lo agradezco y lo atesoro y los saboreo y lo vuelvo a
agradecer con sinceridad en el alma. Es la rectificación de que hacer planes es
una mierda pero saber lo que se quiere y no rendirse con los obstáculos es la
clave de un presente feliz.
Así que se me escurrió una
lágrima cuando recibí el famoso diploma y sonreí de satisfacción. Pensé que iba
en el camino que era, me sentí orgullosa de mi, de mis decisiones y de mis
tropiezos. Quise parrandear y celebrarlo y parrandie y lo celebré. Entendí que
era un momento memorable en mi vida y que sí, si estaba emocionada y que sí, el diploma sí merecía estar en la pared de mamá.
martes, 3 de julio de 2012
166: Que viva España
Llegué de mi viaje, medio me arreglé y pa´ la calle. Eso
realmente es afán de vivir. Vivir bello, vivir sabroso. Y fue así como España
ganó la Eurocopa y la noche se alargó un tanto. La idea de la selección
española de ganar únicamente para que yo viera lo que es una celebración de
esas, me pareció conmovedora. Así que como me hicieron semejante honor supe
verlo y vivirlo y sentirlo y disfrutarlo. Mares de gente en Cibeles. Banderas
en banderas, en camisas, en las caras, en pitos y en los corazones. Tipos guapos. Felicidad sincera en todas las sonrisas. Chinos vendiendo cerveza y haciéndose millonarios. Ambiente alegre. Fotos. Canticos de
'loroloroloro qué viiiiiiiiiiiiiiiva España'. Yo cantando Soy Español más
fuerte y con más sentimiento que cualquier nativo de este país. Baile. Un grupo
increíble de gente. Ocho mujeres en circulo moviendo las caderas con más sabor que
todo Cibeles junto. Un pequeño coqueteo, obvio. Y después, el bar favorito, explosión
de champagne, más baile, más amigos, más noche, más de las 4am. ¡Qué viva España! Pero que la próxima vez que gane que caiga viernes o sábado para poder celebrar hasta las 12 del día y no solo hasta las 4am. Que gracias.
lunes, 2 de julio de 2012
DÍA 165: Un fin de semana PERFECTO
'Claudia, ¿me harías un viajecito?' me dijo la jefe de la
sección de viajes. Sin preguntar que a dónde, ni que cuándo, ni que por qué, respondí
que obvio, obvio. Resultó ser Portavenura, todo pago y además podía llevar un
acompañante. Jodida vida sabrosa la mía. Con una de mis chicas VIP de España,
que no es española, nos fuimos a sacar las niñas que llevamos dentro.
Y las sacamos aunque no es algo dificil. En Portaventura nuestras niñas interiores fueron absolutamente niñas y felices. Es un parque de diversiones, así que el plan más genial no pudo
haber sido. Y es que la decoración, los cartoons, Plaza Sésamo, El Pájaro Loco,
Betty Boop, los gritos, las caras felices de la gente, los niños comiendo
helados, fotos haciendo payasadas, gritos, Shambhala, la montaña rusa más grande - y deliciosa para mí, que me subí unas 6 veces-de Eurpoa, hacer filas con adrenalina, ver las fotos con caras terroríficas durante el
viaje en cualquier atracción, vacíos en el estomago, risas hasta llorar, y
todo, o sea todo fue una mezcla en la cual la experiencia fue un viaje a un
mundo mágico e irreal. Un planeta feliz e ideal. Un lugar en el que por el
momento no hay problemas, ni mañana, ni ayeres, solo la compañía más perfecta,
el lugar de los sueños, la experiencia más divertida, un fin de semana surreal
y lo de siempre; mi sabrosa y jodida vida.
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